sábado, 5 de abril de 2008

Discordancia

La vida, ese antojo...


Lo más esencial de esta vida es aquello que no está en nuestra mano.


Y por esto, sin poder para planear nada, la eterna y divina providencia rige nuestros días a su antojo, respetado y sagrado antojo, injuzgable por un mísero ser humano.


Creo en su benevolencia, y en sus castigos justos, aunque a veces incomprensibles por un corazón, y creo en su incuestionabilidad, confío como de igual manera deseo que no me tiemble la fé en ello.

Mi ocasión, mi día y mi segundo que tengo ahora que es lo único que tengo, es este. Es una musicalidad casi entera. Como un armonioso pentagrama en el cual, de repente, una nota discordante se balancea… En medio de la armonía, algo se desequilibra. Es la nota más fuerte quieras o no quieras. Puede callar a todas las demás y puede romper con todo.


Qué cruel parece cuando no ves ningún camino trazado que poder seguir. Qué injusto parece cuando sin alternativa debes seguir el camino impuesto. Por esta vez el camino está despejado y el suelo sigue ahí, firme, aunque oscuro como una madrugada interminable.
Todo sigue en su sitio. Todo sigue en su sitio.


Irremediablemente… La puta nota discordante está presente: ahora únicamente sobra la incertidumbre que todo rodea… Todo está donde está, pero solamente por ahora, y hasta ahí puedo leer. La efimeridad crea miedo, abrir los ojos y dejar de sonreir y dejar de creer. Pero por ahora, todo sigue en su sitio.
Desearlo y querer saber, que todo, va a seguir estando en su sitio. Puedo desearlo y lo deseo, y lo ruego sin respirar.

sábado, 22 de marzo de 2008

Y de la noche a la mañana, aquella plenitud se deshizo como arena en mis manos.....

Y me quedé sin palabras.




Me pesa demasiado… El tiempo que vuela, las palabras que necesito decir pero que se han quedado mudas. Mi puto bloqueo como respuesta. El peso repentino de la vida, es la vida, que me ha roto las palabras.

Aunque siempre he sabido que hay más maneras a parte de las palabras para hablar, expresar o decir. Son limitadas, encadenadas, y lo que puedo tener dentro es algo inefable mediante ellas.
Sé que nunca me lo perdonaré si no empiezo a recomponer cada letra… Cada letra de cada palabra por decir… Y para ti, cada palabra de esas que no tienen letras, cada palabra de mis ojos, de mis manos en las tuyas, mis sonrisas que son para ti, mis abrazos y mis millones de gracias que también, son sólo para ti.
Nada más sirve ahora, no sirve analizar el motivo, nada sirve contemplar las lágrimas frente a la pared. Nada sirve salvo un abrazo porque sí seguido de un beso en la mejilla, una risa, o acariciar tu mano arrugada. Eso, lo que siempre he hecho, es lo único que puedo seguir haciendo. Y juro que lo haré eternamente. Tengo que hacértelo saber… Y deseo habértelo hecho saber, por lo menos, desde que aprendiste a mudar un pañal.
Lo que siempre he hecho, juro, que lo haré eternamente.
No te vayas.

domingo, 16 de marzo de 2008

La plenitud

Eso es la felicidad, la plenitud. Sentir que no quedan huecos vacíos ni agujeros por tapar.

Lástima de aquel que necesita demasiado. Es aquel que busca y busca, escarba y escarba buscando aire bajo tierra, cuando no sabe que para respirar sólo tiene que levantar la cabeza.

Bueno... todo es cuestión de tiempo.

Yo me siento plena, gracias a algunos cambios geográficos, a algunos cangrejos rojos, a algunas risas incontrolables, gracias a algunos nombres propios. Gracias a mí, que lo he conseguido.

martes, 19 de febrero de 2008

Rocío




Era una tarde fría, fría y helada como sus ojos de hielo verdes. Esperaba nervioso, mientras el humo de su cigarro se escapaba con el viento y junto al vapor de su respiración se fundían en el aire invernal.
“¿Dónde estás?” Su interior aullaba, pero sus labios rotos permanecían cerrados casi hasta chirriar sus dientes. Llegó la noche, más fría aún, ella no aparecía y él moría un poco más.


Tras el duodécimo crepitar de las campanas, sintió su presencia casi divina, la bruma la atrajo hasta aquella calle pedregosa, al final de la cual todo era oscuridad que parecía nacer del bosque más allá. Dos árboles negros marcaron su entrada y ella, envuelta en niebla y sombras empezó a caminar.


Una atmósfera evanescente dibujada por la bruma nocturna y la niebla invernal, en mitad de un espacio casi lúgubre ella coronaba el paisaje. Era negra, luego gris hasta que fue blanca.
Sólo el pum pum, pum pum de su latir interior y el ruido de aquellos tacones sobre la piedra helada, no oía nada más, pues todos sus sentidos estaban dirigidos a admirar aquel rostro de belleza frágil. Se acercaba y él intentó adivinar qué decía su expresión, pero la esperanza y el miedo le confundían.


Sus pasos eran firmes hasta que a un metro de distancia de él ella paró en seco. Permaneció quieto, sin respirar, o eso le parecía a él, y cuando ella empezó a hablar sus labios se abrieron como un reflejo timidamente, como si pidieran agua de su boca.


“No vuelvas a buscarme. Despreciame si lo deseas o ámame desdichado… Hace tiempo que dejaste de ser alguien para mí”. Después de hablar siguió herguida mirándole, su rostro temblaba y sus ojos gritaban, aunque él no lo entendiese no veía en ellos nada parecido al amor. Dónde estaba lo que ella tenía para él? En su interior su alma gritaba: “Te quiero!”. Pero las palabras caían en el vacío de aquella mirada que le oprimía.

Entonces, justo entonces y de repente, se dio cuénta y su sangre se paró; esta no era una de esas idílicas historias en las que ella le rechaza mientras en su interior explota el amor a borbotones. No había princesas ni flores ni perdices.


Su voz intentó alzarse (aunque nada había que decir), sólo un inaudible gemido. El frío exterior dejó de darle punzadas porque ahora era su mirada la que le castigaba.


Ella dio media vuelta sin vacilar si quiera y marchó sin mirar atrás. Desapareció como vino, entre la niebla nocturna, para siempre. Él y su quietud siguieron mirando el bosque oscuro durante minutos que no existían, deseando sin hablar volver a vislumbrar su silueta. “Vuelve…” Pero en su fuero interno él sabía con la mayor certeza que no iba a volver. Se había marchado, mas le había pedido que él también lo hiciera, y para siempre. De repente como un impulso su sangre volvío a circular, pudo mojarse los labios, las ideas llegaron a su mente y la evidencia rotunda acabó con la cálida esperanza. Sus ojos tenían lágrimas que no brotaban, no tenían para quién.

Sin vacilar más de dos veces, y sin pensar, se dio media vuelta y cogiendo aire se fue. Podría haberla seguido, pero no encontraba una razón para no acatar su voluntad. Justo antes de emprender la marcha que le alejara de ella, una rosa resbaló de su mano, y cabizbajo desapareció hacia el horizonte.


Una rosa roja perfumada calló en silencio y así yació inmóvil en la desgastada roca. Como testigo marcando la encrucijada de los dos caminos que separándose emprendieron.

Con las primeras luces del alba la rosa comenzó a llorar por no haber podido cumplir su cometido, la flor del amor, sus pétalos se llenaron de lágrimas por Rocío, la que no amo, Rocío, la que marchó en aquella noche cerrada… Lágrimas que bautizaron su nombre, el nombre que bautizó aquellas lágrimas de rosa...

martes, 5 de febrero de 2008

Quizás sea eso

- No puedo soportarte cuando me dices que no soy aquella persona. Lo siento, algo no funciona.

Necesito ser sincera conmigo de una vez; yo lo sé pero hasta ahora no lo quería ver. Al igual que tú que ya no me ves igual y quieres disimularlo y no creértelo, también sé eso, sé lo que sabes y no quieres saber, los dos lo sabemos, tú sabes como me miras y yo sé como me ves ahora. No puedo olvidarlo más. ¿Quién te crees que soy? En qué… me he convertido? No, cielo, quizás es que ahora omites dos palabras importantes, y ahí está el error: "Soy distinta"o "PARA TI soy distinta". "Antes era diferente, o PARA TI antes era diferente". ANTES, eso es. Antes igual tú eras diferente, tú... o tu percepción. En qué... me he convertido? Sigo siendo yo, si ahora soy un monstruo, antes también lo fui.

Cómo quieres que lo entienda? Cómo quieres cambiarme, si no abres tú primero los ojos. Cómo quieres que me quede de brazos cruzados, y feliz, mientras tú esperas a otra.
Por qué no lo aceptas? Por qué te aferras? Abre los ojos. Estoy aquí. Soy yo.
O quizás… Quizás tus ojos nunca vuelvan a ver como antes. Quizás sean ellos los que empezaron a mirar diferente.
Quizás… Yo sigo siendo, y tu forma de percibir falla, o igual no.
Quizás sea eso.

De repente. Poco a poco. Cambiamos. Simple y naturalmente. No lo entiendas como malo. Aunque cambiemos siempre seguimos siendo esencialmente iguales. No reconocerlo, o no querer abrir los ojos, eso es lo que puede llevar al desastre.
Entre otras tantas cosas, claro está.

martes, 29 de enero de 2008

Cuando no queda poesía

Vuelven los días de inspiración. Vuelven los días sin poesía.
Se desquebraja el hilo que nos unía, otra maldita vez. Hilo fino que parece ser podía con todo, menos con nosotros. No lo logramos, mi amor.

Mientras me revolotean las emociones pintadas cada una de un color diferente, me quedo quieta y… Qué necesito. Qué me conviene. Qué debo. Qué quiero. Qué no quiero. La inalterable incógnita.
El eterna clave indescifrable siempre está presente en mis días marcados y una vuelta de tuerca tras otra le persigue sin parar, mientras me dejo las uñas intentando trepar por el pozo, todo da vueltas y sin remedio acabo perdiendo el equilibrio.

Dudas. Putas.
Añoro y quiero, respiro y no entiendo.
Está claro que no estoy echa para sentimientos enfrentados.
Odio y amo, deseo y aborrezco, sueño y piso suelo. No sé dónde estoy, y eso lo tengo claro, eso no me gusta.

Enciendan la luz por favor. Sólo necesito ver, un suelo firme donde pisar, y una mano, una mano que me ayude a no torcerme hacia el lado equivocado, a no caerme.
Lo confieso, lo he intentado hacer sola. Lo vuelvo a confesar, no puedo hacerlo sola.
- Por favor, créeme.
- Por favor, ayúdame
. No quiero volver a destrozarme, no quiero añicos ni ojos rotos.
No quiero estar sola, menos aún en la noche, donde el desastre se hace patente.

Es entonces cuando los dos despiadados hacen acto de presencia: Lo irreversible, lo incierto.
La melancolía y las gotas en las pestañas me aturden, y no consiguen salvo eso, pues la inestabilidad que produce andar sobre un cordel sigue presente, y allí están siempre el miedo y la locura cogidos de la mano. Guiando a todos ellos, la diosa de las preguntas: ¿Por qué?
Todo este revoltijo de mierda lo único que me produce es mover los dedos intentando escapar por algún lado. Parece entonces todo algo más tranquilo, pero no es así. Es imposible escapar, muñeca. Antes hay que resolver el enigma. Debes aceptar la realidad y sus presentes.

Basta. Siempre vuelven…
Vuelven los días de inspiración. Hoy han vuelto los días sin poesía.
Como alguien dijo algún día, es un desastre más.
Y lo siento, es imposible crear belleza de algo tan patético.

lunes, 14 de enero de 2008

El sentir de los sentidos




La luz hermosa que tú creas, o que tú recluyes en pinturas por aquello que te rodeó y apreciaste, fue la luz como calor y la sombra como cobijo. Contrastes de colores, contrastes armoniosos de luces y sombras, de fresco y calor, de rosas y ninfeas. Dame esa tranquilidad del campo verde, de la música salvaje, del olor a tierra húmeda. Un sorbo de agua fresca. El sentir la hierba áspera en mi mano. El crujir de una manzana dulce. Un paseo lento. Una risa cómplice. Un suspiro de calma que aborde todo lo sentido.

No hay nada más hermoso que lo natural en esos instantes en los que todo elemento te invita a formar parte de la belleza, a contemplarla, a deleitarla y a sentirla volando y flotando, en la quietud y en el movimiento, en el sonido del aire y en el silencio de la tierra, todo te invita a formar parte de un todo unido en la más perfecta armonía. Como cuando una ráfaga de viento agita las ramas de un árbol, y las ramas agitan las hojas y las hojas en movimiento pintan sus reflejos de luces en la hierba, en mi vestido y en tu rostro. Luz y movimiento. Y en ese instante donde toda luz es dinámica, un momento de quietud. Después, una brisa fresca, agradecida y tenue. Todo pertenece ya al aire luminoso y a esa tarde espléndida.







Quise saber lo que veías en cada hoja y en todas a la vez, como observabas los recodos de sombra y los tramos de luz unidos y a parte, como te cercioraste de que sin uno no puede ser ni el uno ni el otro. En las tardes soleadas como esta puedo observar las hojas en conjunto, y a la vez como en cada una de ellas baña su piel el sol reflejado. Y en un momento de brisa observo las hojas y como el sol las baña y el viento las empuja, y miro su movimiento, y me dan la sensación como si bailaran. Bailan juntas! El árbol saluda. No es el azar, hay un orden. El viento es música y ellas lo acompañan. Hay algo más detrás de lo primero que nuestros sentidos perciben. ¿Es eso?
Quizás sea la mayor perfección que el hombre pueda degustar, y es cerca de ella, entre luces y sombras bajo un árbol, entre flores de colores, olores de flores, cuando la sensualidad alcanza su sublimidad, cuando un beso crea pasión más que en cualquier otro lugar o momento, cuando y donde las sonrisas más hermosas se dan. Todo está en su lugar en el instante preciso. Todo está hecho para ello. Perfecto.

Si me imagino El Paraíso pienso en tus lienzos, vislumbro tus caminos de colores, tus estanques de nenúfares, tus campos rojos aterciopelados, el mar con el cielo en él, las rosas, los robles. Las sombras oscuras y los recodos de sol. El blanco impoluto, el azul divino. El verde, el rojo, el violeta.

Tú unes belleza, color, luz. El momento fugaz y preciso. Pones todos tus sentidos en sentir y observar, para que nosotros podamos percibir todos ellos por un único sentido. El olor delicioso de esas flores… Es lo único que se le pudo escapar a tu pincel, Monet.