MIS SILENCIOS EN RUINAS

Silencios, porque todas las palabras nacen de un silencio. Y ruinas, porque todo acaba yaciendo en ruinas. Todo decae, las flores marchitan, los cuerpos envejecen, las construcciones se derrumban, todo algún día muere, incluso las palabras (dicen que con el viento). Pueden morir y desaparecer, o morir dejando su huella, que eso son las ruinas, vestigios de un silencio que un día alguien rompió.
El principio es un silencio, nuestro vientre materno, la semilla bajo tierra. No pretendo hacer ruinas con nada de esto, sólo romper ese silencio que tanto necesito, y otras veces que tanto anhelo. Sólo son palabras mudas nacidas para no ser escuchadas, ni veneradas ni admiradas, sólo compartidas, mis silencios en ruinas.

domingo 15 de febrero de 2009

Un fantasma, y un lugar, y una diferencia


Vuelve, o eso parece, el fantasma por momentos, que no pienso dejar que sean más que eso. Como si yo quieta estuviera girando alrededor mío a carcajada limpia. Y cómo odio que se rían de mí. Un soplido, un chasquido y chsss, adiós.
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Nunca vi a lo lejos un azul tan profundo como nunca tuve tan cerca el sonido más armónico de agua. Ese lugar que soñé. Estás aquí dentro, pero ya formas parte de lo que querías. Ese lugar que quizás imaginaste. Después de esto me encuentro más desconcertada que nunca, con mil preguntas sin respuesta que no sea la fe como única salida. Aún así, fui feliz tal y como tú lo has sido con el correr del río. Miles de sensaciones y una semejanza, como una niña ansiosa que corre rápidamente hacia la orilla, libre y traviesa, para jugar y chapotear, sin ninguna meta más que alcanzar por el momento que la espuma del mar.

Un día no tenemos lo que merecemos, y es tan injusto que casi se vuelve imperdonable. Sin embargo nadie iba a impedir lo último que deseabas, y ya te uniste a tu pequeño paraíso, en tu cielo sereno y tu mar en calma. Sentí una fuerza, como la de una sonrisa... Te quiero, profundamente, me duele. Pero ahora, al cerrar los ojos, ya te veo sonreir.
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Y aquí, tanto dentro como alrededor, todo sigue igual pero diferente a ayer, todo igual que antaño y tan distinto a mañana...

jueves 25 de diciembre de 2008

Carta a Áurea

Llegó el momento de escribirte, con un vacío en el pecho pero serenamente.
Te adoro profundamente.

Gracias por salir de tu aldea y venir a esta tierra, por trabajar, por criar a tus hijos y malcriar a tus nietos.

Gracias por todos los caprichos, gracias por enseñarme a cantar a los gatos, gracias por las flores, por tu vestido de lunares, tus anillos, tus pendientes y tus pulseras, tus faldas de colores y pañuelos estampados, tu forma de bailar, tus historias de antaño y tu risa.

Gracias abuelita por cuidarme, por salir a pasear por la plaza, primero empujando mi carrito, después cogiendo mi mano y al final agarrándote a mi brazo.

Gracias por sentarte conmigo y enseñarme a deshojar las margaritas en primavera.

Mujer trabajadora y luchadora, y aún así siempre disfrutando de las pequeñas cosas. Cabezona, pícara pero amorosa. Presumida hasta la muerte, y es literal, porque sé que te hubieras enfadado si dejamos que te quitasen los pendientes de brillantes. De un humor inagotable, tanto que nos hiciste casi llorar de risa hasta el último día que pude escucharte hablar. Y sobre todo, tus ganas de vivir, envidiables.

Te merecías seguir aquí, mas por nada del mundo te merecías el sufrimiento. Eso me desgarra el alma.
Quisiste vivir porque amabas tu vida y por ella luchaste testaruda con una fuerza sobrehumana. Digo y repetiré con orgullo que no diste el brazo a torcer ante tal cruda batalla de antemano perdida, y eso ante mis ojos te convierte en una mujer de hierro, admirable, inolvidable.

Me has enseñado durante toda mi vida muchas cosas y me has querido con más ternura que nadie, pero la última lección me la has dado ahora, la que me ha cambiado la forma de tomarme la vida. Tengo más fé que nunca en que volveremos a encontrarnos. Más fuerza ante la crueldad y más motivos para querer vivir, es lo que intentaste enseñar y sólo ahora veo...

Ahora, desde allá verás crecer a tu cuarta biznieta, estarás en la boda de tu nieto, pero a mi no volverás a traerme el pan de cada día. Sin embargo, me alivia saber que allí donde estás ahora, bailas, preparada de punta en blanco, con la cabeza alta porque "ningún hombre seguirá mereciéndose tus besos".

Con cada palabra que escribo la sonrisa se me va llenando de orgullo por tener una abuela tan divertida! Tendrías que estar aquí porque tenías para dar y tomar, pero no ha sido así. Me da rabia, porque la mujer más cabezona que he conocido, por primera vez no consiguió lo que se propuso; sólo querías vivir. Lo siento en el alma. Pero ahora, es la tuya la que vuela y se ha reunido con los que tanto lloraste. Te adoro, te amo y te echo de menos. Siempre llevaré tu sonrisa conmigo, tal y como siempre recordaré tus manos arrugadas y tus palabras de cariño.

Que abran las puertas del cielo, que llega un alma grande, y guapa, un alma áurea, como dice tu propio nombre.

Te querré siempre.

viernes 24 de octubre de 2008

Octubre

Odio a mis hormonas. Cuando revolotean y cuando saltan, cuando corren, cuando explotan, cuando me avisan de que este mes va a ser intenso, de esos abundantes de emociones poco emocionantes que me quitan las ganas de despertar durante 5 días. Sí, de esos meses que duran 5 eternos y fatigosos días. Este es el décimo, uno que ha venido revuelto. Quizá será por que es libra; desde ayer octubre me mece en su balanza de un estado a otro y de un momento a otro, subo y bajo como la marea en mi sangre. Mujer, ya sé que es complicado en días carmines reflexionar con la cabeza fría, incluso cuando lo consigo por un momento confieso que no tengo derecho a quejarme demasiado, pero encuentro, cómo no, un pero, de la mano de un sinsentido, cómo no, indispensable en esta fulgurante semana. Pues fuera todo está como lo estaba hace horas, pero ahora los ojos captan diferente y lo que antes era estabilidad ahora es como mínimo un seísmo de 3 grados en la escala Richter.

Por esa regla inquebrantable de la fémina naturaleza, desde ayer ya me empezaron a chispear como gotitas punzantes miles, por no decir millones y sonar exagerada, miles de emociones contradictorias, sensaciones que van y vienen a su aire de la cabeza a los pies, y repentinamente brotaron a su antojo las ambiguas intuiciones que me martirizan la cabeza. Porque en estos días, ante todo y sobre todo, EL UNIVERSO SE VUELVE AMBIGUO. Así me encuentro de pleno en la fase “yo-en-consciente-soledad-profunda” (aquella que para que el sexo opuesto crea que nos comprende denominamos “estoy chof").


Por decirlo de alguna forma, siento plena necesidad de cientos de pequeñas cosas que algunas apenas ni sé cuales son, insignificantes detalles que en este instante si se hicieran realidad recompondrían mundos enteros. Pero lo último que quiero es pedir, sólo quisiera que todo llegara por su propio pie, sin pedir a nadie lo que pido incesantemente a puro grito mudo. No suplico, pero es que necesito. Y justo en este instante las condiciones se volvieron las menos oportunas para conseguirlo... Las emociones ganan, erróneas o no, vuelvo a sentir esa conocida melancolía. Aunque sé que es pasajera incluso una especie de espejismo, como tal se percibe y se siente hasta que desaparece.

Hace apenas 6 días alguien me contó al oído una de las cosas más gratificantes en mi vida, que, en una noche ya gastada, comprendió el sentido de un abrazo, y que lo hizo conmigo. Desconozco si el frío de estos días ha tenido algo que ver con que ahora, a medianoche helada, ansíe, sin suplicar, un abrazo… Algo tan simple, pero a la vez tan complicado si me pides que te de un motivo.

viernes 3 de octubre de 2008

Es la voz ronca, que no me deja respirar. O es el sol que me ciega, o la luz que no me ilumina el camino. A veces son los pasos de nadie, otras veces el no sonido de la multitud. Pero de repente me ahogo. Son días amargos, días en los que echo de menos los días insípidos. Son días “sin motivos aparentes“. Todo pasa de repente; mi garganta se cierra y no me deja llorar. Sólo puedo esperar, rezar y esperar. Confiar.
Días atrás, pocos, o muchos, podía verte y sonreir. Porque te veía a ti. Porque todo era “aparentemente normal” y la evidencia no hacía acto de presencia. Podía salir, por momentos olvidar, eran los días superficialmente normales. Mi burbuja de jabón… De repente caí en picado. Esa idea de saber que todo sigue adelante iba apretando poco a poco y ahora me estrangula. Que nunca volveremos atrás, nunca volverás atrás, como siempre, ni yo volveré contigo. Ni veré a mi hermano mirarte. Ni volverás a entrar silenciosa por la puerta. Días atrás, pocos, o muchos, casi no era consciente. No quería abrir los ojos, sólo lo hacía por momentos y cojones. Ahora son diferentes, me doy cuenta.

Y el tiempo pasa despacio. Parece que el reloj cambia de velocidad cuando quieres disfrutar de algo, a cuando esperas. Ahora el tiempo es lento. He llegado al punto de desear eso que nunca pensé que fuera a desear. Y tengo tanto miedo. Tengo tanto miedo de que todo termine. Tengo tanto miedo de llegar a querer que termine. Y el tiempo se escurre como tus manos sobre las mías. Quiero dártelo todo pero no puedo, y no creo que me conforme con arroparte. Podría hacer más, lo sé, pero es como si al hacerlo... Una barrera. Porque nunca es suficiente. Porque quiero hacerlo porque sí, y no porque el destino me lo imponga a toda prisa. Asumirlo. Antes no lo hice, ahora casi del todo. Aún así sigo viviendo a tu lado con los ojos entreabiertos. Y me da miedo que no despiertes.

Han vuelto como nunca los días sin poesía.
Esto es lo que salió Er******, imposible crear una mínima belleza literaria, imposible ablandar la crudeza. Para qué gastar mi tiempo en embellecer una mierda de texto. Como mucho poner correctamente las tildes, es lo máximo que puedo hacer para que sea menos feo de apreciar para el ojo humano.
Un paso más hacia el surrealismo, es la pura realidad.

domingo 14 de septiembre de 2008

De la piedra expresión

Aparecí desde una galería a la gran estancia blanca, era un día de sol y la luz se transparentaba a través de los vidrios de la gran cúpula, que empezaba a proyectarse desde lo alto de las columnas hasta resbalar en cada trozo de mármol, que eran decenas, si no cientos. Subí las escaleras que llevaban a la segunda altura abalaustrada, y ahí mismo frente a la mirada de tres alegorías para mí desconocidas, estaba otro por entonces desconocido viejo púgil. Me contrarió; pues antes de admirar el conjunto mi mirada se desvió al rostro, con sus muecas de terror e histeria, y no comprendía… Y fue su fuerte brazo, inmovilizado en su mano por sedientos colmillos, quien me llevó a comprender. Estaba siendo devorado.

Entonces entendí su angustia impotente ante la muerte. Rodeada de las demás obras, todas quietas y bellas en su contención, esta era salvaje, casi morbosa. Ante ella me detuve no sé si segundos o minutos, pero el tiempo justo para comprender que las manos de otro por entonces desconocido Puget habían creado de la piedra expresión. Fueron más que unas manos armadas con cincel, y en ese instante para mí fue más que una historia encarnada en un bloque de mármol. Sentí el pathos como Milón sentía las garras afiladas de aquel lobo convertido en león. Giré en torno a las dos bestias no sé por cuantas veces, porque primero el rostro me llevó hacia el brazo, y este me mostró el camino por cada músculo de la recta pierna, y desde el pie que arañaba el suelo ascendí con las tensas telas serpentinatas, que me llevaron a la espalda del hombre y el lomo del animal, y volví a encontrarme otra vez aquel brazo atrapado, volví a trepar al hombro y al cuello en su torsión imposible, y de nuevo mi ojo se detuvo ante la concavidad pétrea que era su boca, de la que emanaba el grito sordo, y en mi mente imaginé ese aullido desgarrador, que se elevaba hacia el cielo acristalado del gran Louvre.




Pierre Puget - Milón de Crotona (1671-82).

martes 26 de agosto de 2008

Agur, noches azules

Han sido estos últimos 7 días, los que no sé por qué motivo siento especialmente agradables. Si habrán sido las fiestas de pañuelos azules convertidas en unas de las más especiales, la melancolía de escuchar por última vez su canción, de hacerlo entre los buenos amigos, o si habrá sido el verano con su xirimiri obligatorio de últimos de agosto. Puede que fuera un cóctel de todo. Pero vamos a poner la mano en el fuego, que mucho han tenido que ver las incontables sonrisas, las palabras y un cero relativo de desastres. Mezclado todo eso con chistes horrendamente graciosos, la casualidad-causal de llamar y encontrarte en el momento preciso entre un montón de gente. Si habrán podido ser también los inconscientes recuerdos de un día 15, de echar al fuego dos deseos a un tiempo, de la hierba húmeda de un parque, de las noches de Santurtzi y de sus mañanas. No sé que ha ocurrido y prefiero seguir en la ignorancia si es que así todo sigue en el mismo rumbo. Porque sí es algo especial pero no extraño; me siento contenta y nada más. Contenta sí aunque se acabe el verano… Y no precisamente por ello. Pero es que sólo termina el verano, sólo el verano. Sigo teniendo un motivo, cada vez más dulce y siempre algo inesperado. Porque en un gafado año bisiesto el verano me regaló una sonrisa. :)

lunes 18 de agosto de 2008

Hay cosas peores que podría hacer

Todos los ojos tienen su lenguaje oculto.

Un domingo convertido en una tarde de lunes. Ni las nubes con el viento, ni los paseos de los demás ni esta falta de luz en mi habitación. Nada acompaña, ni el viento, ni los paseos, ni la luz.

Tal y como supe de un sabio, cuando deseamos algo el Universo conspira para que así sea. Muchos días y con pocas excepciones vivo esa frase a primeras estúpida como un sentido más que corona mi vida. Cuando así sientes al Universo que te rodea es entonces cuando te sientes formar parte del todo.

Pero aquí en el viento, sin paseos y sin luz en tardes como esta el universo deja de conspirar por nada que tenga que ver conmigo. Estoy segura. Son las tardes como esta las que borran la mala poesía y cualquier pizca de ganas de abrir la boca…


En mitad de esta maraña podría pedirte… Silénciame de un golpe seco los inútiles pensamientos… O arráncame las entrañas porque dicen que de ahí nacen las pasiones…
O podría no pedírtelo. Podría ser peor. Podría no importarme.
Podría no llorar, no creer, y una vez creído seguir sin llorar. Podría no importarme estar aquí o allá, contigo, con nadie o con el otro. Podría empezar a besar sin cerrar los ojos, o a abrazar sin apoyar los dedos.

En cuestiones como esta siempre hay otra alternativa, o dos…
También podría dejar de aporrear teclas y callarme. O podría hacerlo mirando a los ojos de alguien. Así soltar todo lo que pasa por estas entrañas malditas sin pensar en ningún posible daño colateral. Podría pedirte todo lo que pasara por mi mente sin pensar en exceso. Hablar sin parar, dejar de tener miedo a las palabras que podrían gustarte o asustarte, pero podría contártelas. Podría no quedarme colgada en casa pendiente de un hilo de voz. Podría dejar de moderarme, compartir los silencios, los que siempre quedan como lo que son.
Podrías querer saber lo que contienen, susurrártelo al oído. Podría hacerlo despacio, descorchar cada secreto y así hasta casi mostrar más de lo que yo sé que soy. Sin nada que me tape convertirme en algo vulnerable ante cualquier ojo. Es una de las cosas peores que podría hacer, llegar a hacerlo ante cualquiera. Dar una oportunidad a la mano que acaricie o que apuñale, lo que ahora tengo mío y sólo para mí?
Mi momento y yo en silencio, eso es lo único en tardes insípidas como esta en las que dejo de formar parte de ese todo por el que el Universo conspira, y con ello de la agradable sensación.


Puedo elegir, hacer una cosa o dejar de hacer la otra. Callarme o gritar.
Si me mostrara en silencio y vulnerable, sería más fácil incluso también para mí. Podrías entender más cosas. Pero dejaría de sorprenderte. Dejaría de llorar sola, y es que probablemente nunca más podría hacerlo sola. Sí, de esta forma todo sería más sencillo y no me haría falta intentar no provocar quebraderos de cabeza, intentar no disgustar ni descolocar. De esta manera ya lo entenderías por ti mismo.


Pero hay una razón por la que no lo hago. No es que me guste la melancolía pero… Desaparecerían de mi calendario mis domingos. No tendría mis huecos de tardes nubladas. Mis malditas soledades pasajeras. Mis privados e inútiles silencios, ya no tendría en estos momentos de qué sentirme parte.

Podría hacer cosas peores de las que hago, cosas peores que quedarme con algo que es mío sólo para mí… Podría mostrarlo y desnudarme.
Pero, aunque sean tardes frías y oscuras, me gusta saber que puedo enseñar lo que quiera y nada más. Sólo en este sentido me gusta tener conmigo, y sólo para mí, las tardes como esta.
Pero llorar delante de ti sería lo peor que podría llegar a hacer.



There are worse things I could do,

than go with a boy or two.

Even though the neighborhood thinks

I'm trashy and no good,

I suppose it could be true,

but there are worse things I could do.



I could flirt with all the guys,

smile at them and bat my eyes.

Press against them when we dance,

make them think they stand a chance,

then refuse to see it through.

That's a thing I'd never do.



I could stay home every night,

wait around for "Mr. Right".

Take cold showers every day,

and throw my life away,

on a dream that won't come true.



I could hurt someone like me,

out of spite or jealousy.

I dont steal and I dont lie,

but I can feel and I can cry...

A fact I'll bet you never knew.



But to cry in front of you,

that's the worse thing I could do.

http://es.youtube.com/watch?v=WnYfZBuGWPY